Carlos Guido Spano, que en sus versos le cantó a Buenos Aires

“Solo cuando volamos, no corremos el riesgo de caer”

Un exquisito poeta argentino, escribió hace más de un siglo y medio, en 1857, teniendo sólo 30 años, una hermosísima poesía que tituló “Trova”.

Mencionaré solamente su primera estrofa.

“He nacido en Buenos Aires

Que me importan los desaires

Con que me trate la suerte

Argentino hasta la muerte

¡He nacido en Buenos Aires!”.

No hace falta por cierto decir donde nació este poeta, aunque pasó su infancia en la Provincia de Buenos Aires.

Se llamó Carlos Guido y Spano.

Era hijo del Gral. Tomás Guido, que fue durante años edecán de San Martín.

El joven Carlos tenía 13 años cuando su padre fue designado embajador en Brasil y debió entonces, trasladarse con su familia a ese país.

Allí permaneció hasta los 25 años y en esa etapa de su adolescencia y su primera juventud, se despertó en Guido y Spano, su afición a las letras, a las artes y en definitiva, a todo lo bello.

Y un episodio, que parece extraído de una película, jugó un importante rol en su vida.

Teniendo 20 años, había hecho cierta amistad con un mozo –Agustín de nombre- de su misma edad, que trabajaba en un pequeño bar, cercano a la embajada, donde Carlos residía, dado que su padre, repito, era el embajador argentino en Brasil. Agustín, era también poeta y sensible como Carlos.

Se veían casi todos los días. Incluso el joven poeta argentino, solía visitar al mozo en su muy humilde vivienda.

Este se había casado e incluso ya tenía un hijito.

En una ocasión, la criatura se enfermó y Agustín le confesó a su amigo argentino: –“Necesito un remedio, y es tan caro que no lo puedo comprar. Además, se que no es fácil conseguirlo. Es un producto norteamericano”.

Al día siguiente Carlos Guido y Spano visitaba al embajador norteamericano. Este lo recibió calurosamente, dado que era amigo de su padre.

Resumiendo. En pocos días, Agustín, el mozo poeta, recibía el remedio salvador.

Fueron pasando los años. Carlos se había casado y residía nuevamente en Buenos Aires.

Perdió tempranamente a sus padres y poco tiempo después, a su joven esposa.

Su situación económica, por su falta de habilidad para manejar lo material, le hacía difícil la existencia, pese a que ya había sido Secretario de Agricultura en el gobierno de Avellaneda y Director del Archivo General de la Provincia. Pero la honestidad, suele ocasionar perdidas materiales.

Además, Guido y Spano era un bohemio total. Tan noble como desordenado.

Resolvió, recordando sus años felices, regresar a Brasil.

Buscó allí, en Río de Janeiro, algún trabajo. Le costaba conseguirlo.

Y una tarde, presenciando en una avenida, un desfile militar, le pareció ver el rostro de su amigo Agustín, el mozo, amigo de su juventud, junto al Presidente de Brasil, en el palco de las autoridades. Quedó sorprendido, averiguó y llegó hasta la Secretaría de Cultura de la Presidencia.

Efectivamente, su antiguo amigo era el Secretario de Cultura de la nación hermana. Lo recibió fraternalmente y lo designó de inmediato Director de la Biblioteca Municipal de Río de Janeiro, cargo importante y muy bien remunerado, que casualmente estaba vacante en ese momento.

Y hoy me pareció, más oportuno traer esta anécdota, que mencionar la importante obra literaria de Guido Spano, de la que igualmente podemos citar algunos libros valiosos como “Ecos Lejanos” y “Hojas al Viento”. También deseo aludir a su tarea abnegada en la lucha contra la epidemia de fiebre amarilla en el Buenos Aires de 1871.

A los 68 años, una parálisis le quitó parte de su vida física. Pero en los 23 años siguientes –vivió hasta los 91- nadie pudo quitarle su alta vida espiritual.

Y repito, me pareció más importante este intercambio de nobleza entre Carlos Guido Spano y el ex mozo Agustín, devenido en Secretario de Cultura de Brasil, porque esta anécdota, hace a la gratitud, un sentimiento tan noble que nos hace pensar mejor de la especie humana.

Y mi modesto homenaje Carlos Guido Spano, a su gesto humanitario y a la gratitud que recogió. Lo haré en forma de aforismo:

“Recordemos lo que nos dieron. Olvidemos lo que dimos”.

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