Maria Felix, reina del cine mexicano POR JOSE NAROSKY

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Los grandes artistas siempre estan expuestos. Por que viven, iluminados

Una hermosa muchacha mejicana de espléndido y exuberante físico y con sólo 15 años, estaba escuchando con una amiga, una audición radial. En la misma cantaba una muy conocida canción un famoso compositor mejicano: “Granada”. El intérprete era Agustín Lara.

La oyente, se llamaba María de los Ángeles Gureña Félix, luego convertida en la famosa estrella conocida como María Félix.

Le dijo en ese momento a una amiga:

-“Con este hombre me voy a casar”.

Y la amiga le contestó:

-“¿Pero, que estás diciendo?. Si te has casado hace pocos meses y además estás esperando un hijo…”

-“Pues por este hombre, me separaría de mi marido…”

Quince años después María Félix se casaba con Agustín Lara.

Ella tenía 31 años y Lara 46.

El matrimonio sólo duró 2 años. Él, compuso en ese lapso varias canciones para ella, una de las cuales “María Bonita”, recorrió el mundo. Incluso hoy se llama así una calle del balneario de Acapulco.

Quien no recuerda los primeros versos de “María Bonita”:

-“Acuérdate de Acapulco, María Bonita, María del Alma”.

Cuando se casó con Lara, ella ya había filmado unas 10 películas. Luego intervino en casi cuarenta films más.

La dirigieron famosos directores europeos, como el español Luis Buñuel y el francés Jean Renoir, entre otros.

Uno de sus esposos posteriores –tuvo cuatro en su vida- fue Jorge Negrette, el cantante y actor, que fue su pareja durante décadas y con el que se casó el último año de la vida del artista, cuando el médico de Negrette le anticipó la muerte cercana e irremediable del actor.

Ella tuvo un solo hijo, que nació de su primer matrimonio. El pibe, que ya tenía seis años. Vivía con ellos.

En una visita que le hizo el padre biológico, se llevó al niño a pasear. Pero no retornó. Durante diez años, ella no lo pudo encontrar. Ese dolor de madre, no lo borraba ni el éxito artístico ni los halagos.

A veces, en medio de los aplausos o en las fiestas, donde su belleza la hacía el centro de las miradas, asomaba a sus ojos una lágrima. Y una lágrima, puede decir más que un llanto…

Porque ella ocultaba muy dentro su pena.

Lo que no podía borrar era su tristeza de madre.

Es que no hay palacio tan protegido, donde no pueda penetrar el dolor…

Cuando el chico ya tenía 16 años -¡habían pasado diez años!- logró ubicarlo y recobró la paz espiritual, llevándolo a vivir con ella.

María Félix, tenía 38 años cuando visitó Buenos Aires, para filmar una película que dirigió Luis Cesar Amadori.

Se llamó “La Pasión Desnuda”. Y el co-protagonista masculino fue Carlos Thompson.

También filmó con actores de la talla de Jean Gabin, de Ives Montand, de Vittorio Gassman.

Pero el tiempo, ese nudo corredizo que nos va oprimiendo sin prisa pero sin pausa, jugó un rol en el físico de María Félix.

En 1969 –tenía 55 años- aceptó filmar la que sería su última película: se llamó “Zona Sagrada”.

Pero la vida y los dolores le habían dibujado marcas –que la fama y el dinero- no se pueden borrar.

Decidió retirarse a su mansión en un barrio exclusivo de la Capital mejicana.

Los seis años siguientes los vivió casi aislada, lejos de esas falsas luces multicolores que ofrece la farándula.

Una semana antes de cumplir 88 años, la convencieron que realizase un festejo para su cumpleaños. Aceptó a desgano. Pero no pudo concretarlo.

En la madrugada del día 8 de abril de 2002, moría mientras dormía, María Félix.

Y un aforismo final para esta rutilante estrella del cine mejicano, cuya alegría exterior fue el disfraz de su tristeza interior. Considero que en justicia le corresponde.

“No hay destino sin tragedia”.

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